martes, 7 de julio de 2009

Soneto 107

William Shakespeare

Ni el alma profética del mundo
soñando el porvenir, ni mis temores,
pueden a mi amor fijar un plazo
que lo encierre en destino limitado.

Su eclipse resistió la mortal luna
y burlase el augur de su presagio:
lo incierto se corona de certeza,
la paz proclama eternos sus olivos.

El rocío de esta época fragante
renueva mi amor, y aun la muerte
es vencida por mis humildes rimas

aunque en tribus obtusas cause estragos:
y en ellas tendrás tu monumento
cuando tumbas de bronce hayan caído.

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